Una de las cuestiones que más conflicto generan en materia de arrendamientos se da cuando se produce un impago de las facturas de los suministros que ha consumido el inquilino, dado que el corte del suministro que se provoca puede afectar de lleno a la economía del arrendador, hasta el punto de tener que asumir de su bolsillo el coste de un nuevo contrato y, aún peor, de la deuda generada por el inquilino. Por ello vamos a tratar de descubrir en este post si debéis poner los contratos de suministros de gas, agua y luz a nombre del inquilino o del arrendador.

Antes que nada indicar que en este post voy a hablar de los malos inquilinos, es decir, de aquellos que dejan de pagar las facturas de las suministradoras y dejan “con el culo al aire” al arrendador, que muy posiblemente tendrá que pagar esa deuda y el alta de un nuevo contrato.

Aclaro esto porque en este post puede parecer que estoy criminalizando a los inquilinos y no es esta mi intención. no quiero generalizar y quiero dejar claro desde el principio que en todo momento me estaré refiriendo a los malos inquilinos, que haberlos haylos, tantos como malos arrendadores (ya hablaremos de las malas praxis en las fianzas).

Introducción

Cuando se alquila una vivienda el arrendador está permitiendo el uso de la misma al inquilino a cambio de una renta. Y ese uso se refiere también, entre otras cosas, a que lleguen suministros básicos a la vivienda.

Para recibir un suministro debe existir un contrato firmado entre la suministradora y otra persona, que será la titular del contrato. Una de las partes (la suministradora) está obligada a ofrecer y mantener el suministro de forma constante, y el titular está obligado al pago del suministro. Estas son la principal obligación de cada una de las partes del contrato de suministro.

Por lo tanto, la primera consecuencia es clara: si el titular deja de pagar, la suministradora puede cortar el servicio.

Lo que ocurre en esta materia es que hay tres cuestiones que vienen a “enfangar” esto que parece inicialmente tan sencillo y que inciden directamente en la decisión a tomar:

  • La vivienda alquilada: el contrato de suministro vincula al titular y a la suministradora, pero recae sobre una vivienda determinada, y esto va a suponer un problema importante para el arrendador, como veremos más adelante.
  • La justicia: si la justicia fuese más rápida muchos de los problemas que suceden en esta materia (y otras) quedarían reducidos casi a la mínima expresión. El problema viene en que hay que interponer una demanda de desahucio por el impago de suministros para que el arrendador pueda recuperar la vivienda y, además, el arrendador no puede cortar los suministros, con lo que la deuda sigue y sigue y sigue durante meses. Es decir, la lentitud de la justicia es un condicionante importante a la hora d decidir si se pone el contrato de suministros a nombre del inquilino o si el arrendador lo deja a su nombre.
  • La insolvencia: otro problema es que se firman contratos de arrendamiento con personas de escasa solvencia y cuando el arrendador quiere acudir a la justicia para reclamar cantidades que el inquilino le deba por impagos de suministros resulta que es muy frecuente que el inquilino sea insolvente.

Mi preferencia: a nombre del inquilino

El artículo 20.3 LAU establece que la obligación de pago de los suministros es del inquilino cuando hay contadores individuales. Por tanto, la obligación de pago es del inquilino. Pero esta obligación de pago es respecto al arrendador, no respecto a la suministradora. La obligación de pago respecto a la suministadora será del que se ponga como titular del contrato de suministro.

En mi opinión, son varios los motivos por los que me decanto por poner los contratos de suministros a nombre de los inquilinos.

1.- Coacciones.

Cuando el titular del contrato de suministro es el arrendador, en el caso de que el inquilino deje de pagar su consumo al arrendador y el arrendador deje de pagar a la suministradora, el inquilino podría denunciar al arrendador por coacciones en caso de que llegue a cortarse el suministro.

Este es uno de los primeros pensamientos que pasa por la mente de casi todos los arrendadores (los que tienen el contrato de suministro a su nombre) cuando hay un impago del alquiler. Pero se trata de una acción que, como digo, en muchas ocasiones es castigada como coacción hacia el inquilino, al privarle de uno de los elementos (básicos) con los que contaba la vivienda al ser alquilada.

Y ello en base a que el arrendador tiene la obligación de mantener al inquilino en el goce pacífico de la vivienda, y si lo impide (cortando los suministros, por ejemplo) podrá ser castigado con pena de prisión de seis meses a tres años o multa de doce a veinticuatro meses, como nos lo indica el artículo 172 del Código Penal.

Por lo tanto, si el contrato de suministro está a nombre del inquilino, el arrendador no se va a ver en esa “tentación” porque él no podrá cortar el suministro al estar el contrato a nombre del inquilino,  por lo que no va a poder ser nunca denunciado por coacciones. Fácil!!!.

Está de más indicar que al inquilino no le interesa que le corten el suministro siendo él el responsable, por lo que lo normal es que pague las facturas.

2.-El deudor.

Si el contrato de suministro está a nombre del inquilino, él será el responsable del pago y él será, por lo tanto, el deudor de cara a la empresa suministradora.

Jurídicamente hablando se podría decir que en la deuda del inquilino poco tiene que ver el arrendador. Sin embargo, como dije al principio, resulta que el contrato de suministro recae sobre una vivienda en concreto, y esto en la práctica afecta muy negativamente al arrendador.

¿Y por qué le afecta?.

Pues porque mucha suministradoras exigen, para restablecer el suministro tras un corte por impago, que la deuda sea pagada íntegramente. E incluso algunas no permiten dar de baja el contrato actual y hacer uno nuevo a nombre del propietario mientras no quede saldada la deuda. Por lo tanto, jurídicamente hablando el deudor es el inquilino, pero en la práctica el arrendador se encuentra atado por estas situaciones, viéndose obligado casi siempre a tener que asumir él la deuda (y reclamarla posteriormente al inquilino).

Pero insisto en que, jurídicamente, la deuda es del inquilino, por lo que el arrendador nunca podría ser incluido en un fichero de morosos por esa deuda, y el inquilino sí.

Si el contrato de suministro estuviese a nombre del arrendador, él sería el responsable de la deuda y en este caso, ahora seguro, no se podría hacer un nuevo contrato a su nombre sin pagar la deuda. Además de que se le podría incluir en ficheros de morosos.

3.- La deuda.

Relacionado con el punto anterior, el riesgo en cuanto a la cuantía de la deuda no es el mismo si el contrato está a nombre del inquilino que si está a nombre del arrendador.

Es decir, si el contrato está a nombre del arrendador van a transcurrir muchos meses (hasta que el arrendador recupere la vivienda por proceso de desahucio) en los que el arrendador no va a poder cortar el suministro, con lo que la factura se va a ir hinchando, y la moral del arrendador se va a ir deshinchando, por lo doloroso que resulta tener que estar pagándole los suministros a otra persona cuando en muchos casos cuesta trabajo pagar los de la propia vivienda.

Por el contrario, si el contrato está a nombre del inquilino, van a transcurrir muy pocos meses hasta que se produzca el corte de suministro. A lo mejor le toca al arrendador pagar la deuda para poder dar de nuevo de alta un nuevo contrato, y luego se la reclamará o no al inquilino, pero la deuda no se hará tan elevada como en el caso anterior, que tendrá que haber casi con toda seguridad un procedimiento de desahucio de por medio.

4.- La justicia.

En términos generales, cuando el arrendador es el titular del contrato de suministro y el inquilino deja de pagarle las facturas, por regla general el asunto suele ir abocado a interponer una demanda por parte del arrendador para poder recuperar la vivienda, pues el inquilino suele saber que el arrendador va a seguir pagando los suministros. Y aunque casi siempre el juez condena al inquilino a pagar las costas del procedimiento, prácticamente nunca suele pagarlas pues en muchísimos casos los inquilinos son insolventes (los malos inquilinos, me refiero). Por lo tanto el arrendador tendrá que pagar el juicio y tendrá que pagar los consumos del inquilino. Doble gasto y doble frustración!!!.

Por el contrario, si el titular del contrato de arrendamiento es el inquilino, si deja de pagar sus consumos y se corta el suministro, difícilmente seguirá en la vivienda sin estos suministros, por lo que es más fácil llegar a algún tipo de acuerdo entre las partes para devolver la posesión de la vivienda al arrendador sin que tenga que haber demanda de por medio.

5.- El inquilino da de baja el contrato.

Quizás la mayor desventaja de poner el contrato a nombre del inquilino sea que éste pueda dar de baja el contrato de suministro cuando él quiera, con el coste que supondrá al arrendador dar de alta un nuevo contrato.

Es un riesgo que está ahí y que de todos modos trataremos de atajar con las cláusulas que veremos en los siguientes apartados.

Pero en líneas generales entiendo que es preferible poner el contrato a nombre del inquilino que a nombre del arrendador.

Antes de firmar el contrato de arrendamiento

Antes de firmar el contrato de arrendamiento es importante que el arrendador consulte en alguna/s empresa/s suministradora/s si ese futuro inquilino puede ser titular de un contrato de suministro. Es un buen filtro para detectar a inquilinos reincidentes en el impago de suministros.

En el propio contrato de arrendamiento

En mi opinión es interesante establecer en el contrato de arrendamiento una cláusula en la que quede claro que el arrendatario se obliga, durante el primer mes de contrato, a cambiar a su favor la titularidad del contrato de suministro de la vivienda y que si no lo ha hecho en el plazo de un mes es motivo de resolución del contrato.

Y del mismo modo, es interesante establecer una cláusula que fije que el arrendatario otorga su consentimiento a que, en el momento en que el arrendador lo solicite a la empresa suministradora (normalmente al final del arrendamiento), se produzca un cambio de titularidad, bien hacia el arrendador bien hacia la persona que éste designe. Añadiendo una penalización de “x” euros en caso de no facilitar dichas gestiones.

Al finalizar el contrato de arrendamiento

Una vez que el contrato de arrendamiento termine, si el inquilino no colabora en facilitar el cambio de titularidad o da de baja el contrato, el arrendador podrá acudir a la suministradora con la cláusula en la que el inquilino daba su consentimiento al cambio de titularidad. Y si la suministradora pone problemas con la cláusula y no accede al cambio solicitado el arrendador tendrá que pagar el nuevo contrato de suministro pero podrá ejercer la cláusula penal establecida en el contrato para el caso de no facilitar las gestiones (cosa distinta es que se pueda cobrar la penalización, pero al menos servirá como arma disuasoria contra el inquilino que no colabore en el cambio de titular).

Respecto a los cambios de potencia que pudiera realizar el inquilino durante la vida del contrato, éste estará obligado a reponer la situación a su estado inicial al finalizar el arrendamiento, debiendo sufragar él los gastos. Y si no lo paga se podrá deducir ese gasto de la fianza.

Cláusula de contrato de suministros

Te dejo enlace a un post en el que encontras una cláusula de suministros para cada tipo de contrato y situación Modelo de cláusula de suministros en el contrato de alquiler.

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